Solo por el hecho de que me quede callada no significa que no haya un mundo en mi interior. Un mundo que tiene la capacidad de explotar como dinamita en el espacio de una conversación, de una mirada, de un roce entre coordenadas de ideas. No pretendas que el mundo gira alrededor de tu mente, que las ideas verdaderas que corren como electricidad por tu cuerpo son las únicas que merecen el don de la vida.

 No es la primera vez que enfatizo en esto. No es la primera vez que siento ansias de gritar a los oídos del egocentrismo que extingue nuestra esencia humana y que destruye lo que puede unir a cada nación en armonía. Lo que impide que seamos una misma especie. Se nos olvida que todos somos humanos cada vez que impulsamos nuestros pies sobre  aquel que camina en el carril del lado y lo hacemos tropezar. No nos importa que dañemos el vehiculo que transporta la dignidad del que vemos por nuestro espejo retrovisor ya que perdimos la costumbre de chocar las miradas de los demás. Y me pregunto por qué. ¿Por qué rechazamos el contacto humanitario y nos queremos envolver en el plástico, en el papel verde, en metales preciosos, en  artefactos aislantes, pantallas que fingen una vida tan parecida a la real que terminas prefiriendo la ficticia, en teclados que tiran a un lado la maravillosa oportunidad de bordar una conversación tejida con gestos y disfrutar de una reunión de seres queridos.

 No espero que entiendas, no espero que estés de acuerdo conmigo, porque de eso se trata, somos seres diferentes. Somos seres que hemos caminado por diferentes senderos de un laberinto que lleva a un punto en común, pero que refuerzan en cada uno diferentes fortalezas y debilidades. Solo quiero compartir contigo mi inquietud, pues cada día veo como el hábitat que nos fue encomendado es destruido con una superficial individualidad disfrazada de cultura, de costumbre, de ritual. Cada día veo como nos hacemos ver como individuos de diferentes especies. No nos damos cuenta de que la biología nos ha unido a pesar de tener mundos internos tan diversos. Y que sin importar las diferencias entre hilos de pensamientos, tenemos espíritus con una finalidad parecida, con necesidades casi indiferenciadas, con un mismo origen.

 El día en que comencemos a crear conciencia y respetar nuestras diferencias pero sobre todo a ver al otro como un igual, nuestro mundo será otro. Cuando el respeto hacia la dignidad del otro sea parte de nuestra dieta, nuestro mundo será mejor. Cuando nuestro esfuerzo sea invertido en superarnos a nosotros mismos en lugar de superar al que está frente a nosotros, nuestra vida será más placentera.

 

 "Creo que la importancia de las cosas se recuesta en el valor que les de cada individuo. El valor de las cosas depende de lo que la subjetividad anuncie. ¿Por qué entonces pretendemos que todos vean las cosas desde nuestro punto de vista? El egocentrismo le da un empujón a la humildad cada vez que olvidamos que el mundo no gira alrededor de nosotros. Solo somos caminantes en un punto invisible en el universo. Mira las estrellas y te darás cuenta de que eres un ser valioso en este mundo, pero no depende de ti el valor del universo." (NIFR/12 de octubre 2010)

 

 

 

 

 

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